El norte de Marruecos tiene algo diferente. Quizá sea la mezcla de culturas, la cercanía del Mediterráneo, las montañas del Rif o esa sensación de estar viajando entre dos mundos.
Nuestra ruta nos llevó por Tánger, Tetuán, Chefchaouen y Asilah, cuatro ciudades muy diferentes entre sí pero unidas por algo común: medinas llenas de vida, calles donde siempre ocurre algo, aromas de especias, pequeños comercios, arquitectura de herencia andalusí y ese caos tan característico que hace que viajar por Marruecos sea siempre una aventura.
Fue una ruta intensa, de esas en las que los días parecen tener muchas más horas de las que realmente tienen, pero también fue una de esas rutas que se quedan en la memoria.
Tánger fue nuestra puerta de entrada, Tetuán nos descubrió el Marruecos más andalusí, Chefchaouen nos envolvió entre sus calles azules y Asilah nos regaló el Atlántico y uno de esos atardeceres que todavía recordamos.
Si estás pensando en recorrer el norte de Marruecos, aquí te contamos nuestra ruta de 4 días, qué vimos en cada lugar, cómo nos movimos y qué experiencias no nos perderíamos.
Mapa de la ruta

Nuestra ruta por el norte de Marruecos
Cuatro días, cuatro ciudades y un recorrido que nos llevó desde el Mediterráneo hasta el Atlántico. Este fue nuestro recorrido, día a día.
Día 1 Tánger- Tetuán
Llegamos a Tánger y aprovechamos las primeras horas para conocer algunos de sus rincones antes de continuar nuestra ruta hacia Tetuán. Fue una primera toma de contacto con la ciudad, suficiente para hacerse una idea de su ambiente mediterráneo y de la mezcla de culturas que caracteriza al norte de Marruecos.
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Desde Tánger continuamos hasta Tetuán, donde pasaríamos nuestra primera noche. Para este trayecto habíamos contratado previamente un conductor, una opción que nos resultó cómoda al viajar las cinco juntas.
Llegamos a Tetuán ya de noche y, después de dejar las cosas en el alojamiento, salimos a dar una primera vuelta por la medina y sus zocos. A esas horas la ciudad seguía llena de vida y fue una primera toma de contacto estupenda con Tetuán.
Si eres fan de El tiempo entre costuras, puedes acercarte hasta El Reducto y cenar allí. El lugar tiene además ese punto especial de haber sido escenario de la serie.
Nos alojamos en el precioso riad Dari, una elección que nos encantó y que encajaba perfectamente con la experiencia que buscábamos en Tetuán.
Pasamos la noche en el precioso riad Dari.
Día 2 Tetuán- Chefchaouen
La mañana la dedicamos a descubrir Tetuán y su preciosa medina. Empezamos por la zona del ensanche, donde se encuentra la plaza Moulay El Mehdi y la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, y desde allí nos adentramos poco a poco en la ciudad antigua.
Una de las mejores cosas que puedes hacer en Tetuán es simplemente perderte por su medina. Sus calles están llenas de vida y, al no ser una zona tan turística como otras medinas de Marruecos, pasear por ellas resulta mucho más tranquilo.
Además, merece la pena subir hasta la kasbah, desde donde se obtienen unas bonitas vistas de Tetuán. Para llegar hasta allí lo mejor es olvidarse un poco del mapa y dejarse llevar por las callejuelas, porque parte del encanto está precisamente en ir descubriendo la ciudad sobre la marcha.
La medina de Tetuán es relativamente pequeña, pero tiene muchísimo encanto. El zoco del cuero, el de la madera, las pequeñas tiendas y las curtidurías van apareciendo mientras recorres sus calles. No es difícil entender por qué está declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO.
A nosotras nos gustó especialmente el ambiente de la medina. Comparada con Marrakech, nos pareció mucho más tranquila y relajada, y se podía curiosear por las tiendas sin tener constantemente a alguien intentando venderte algo. De hecho, nos hubiéramos quedado un par de días más en Tetuán, pero la ruta continuaba y tocaba seguir hacia Chefchaouen.
Para llegar hasta allí optamos por un gran taxi. Aunque el punto oficial de salida es la estación de autobuses, nosotras fuimos hasta la Puerta de la Reina para intentar encontrar uno directamente.
Tetuán y Chefchauen están separados por algo menos de una hora y media. Llegamos a la hora de la comida y a explorar la ciudad.
Chefchaouen es un pueblo para perderse, caminar sin rumbo y disfrutar de todos los rincones preciosos que tiene. Este pueblo de color azul atrae a miles de visitantes cada año y no es para menos. El motivo por el que es azul tiene varias teorías.
La más extendida relaciona el color azul con la comunidad judía sefardí que llegó a Chefchaouen en el siglo XV, tras la expulsión de los judíos de España. Según esta tradición, el azul representaba el cielo y la espiritualidad, y pintar las casas de este color ayudaba a recordar a Dios.
También se dice que el azul podía tener un efecto práctico: ahuyentar a los mosquitos, aunque esta explicación no está realmente demostrada y probablemente se haya popularizado más como curiosidad turística.
Otra teoría es simplemente estética y cultural: el uso del azul se fue extendiendo por la medina hasta convertirse en el rasgo que hoy define a la ciudad.
La tarde la dedicamos a pasear, perdernos y disfrutar sin prisas.
Es muy recomendable dormir en Chefchaouen y disfrutar del pueblo sin tanta gente, ya que la mayoría de las personas que llegan hasta aquí lo hacen con un tour organizado.
Día 3 Chefchauen-Asilah
La mañana la dedicamos a conocer algunos de los lugares más importantes de Chefchaouen:
Aunque podríamos haber seguido paseando y disfrutando de Chefchaouen, tocaba cambiar de ciudad y, al igual que en días anteriores, negociamos un Grand Taxi para viajar hasta Asilah, una ciudad que está a poco más de dos horas de Chefchaouen.
Asilah es una ciudad costera situada muy cerca de Tánger, famosa por sus grafitis. Me parece un pueblo encantador, muy tranquilo, con mucho turismo local y muy pequeñito. La medina se recorre en una o dos horas.
Lo mejor es perderse y callejear. Muchas veces te llevarás agradables sorpresas, como paredes pintadas que ofrecen una estampa poco común para el país en el que estamos.
Si sales de la muralla y te diriges en dirección contraria al puerto, rodeándola, llegarás a una playita con un chiringuito. Desde esa playa tienes una estampa preciosa de la muralla y, si vas al atardecer, una puesta de sol preciosa.
Despues del atardecer salimos a dar una vuelta por Bab Homar para ver un poco la vida mas local: puestos de comida, restaurantes, tiendas y gente haciendo vida.
Fuimos a cenar al Restaurant Dar al Maghrebia. Un local muy bonito, con un servicio muy atento y la comida, espectacular.
Día 4 Asilah-Tánger
El último día aprovechamos la mañana para probar un hammam tradicional, una experiencia que no queríamos perdernos durante el viaje.
Sin cámaras ni fotos, solo podemos contaros cómo fue: jabón negro, exfoliación y un buen rato de frotar hasta dejar la piel completamente suave. La experiencia es curiosa y bastante intensa, pero salimos encantadas y con la sensación de haber vivido algo muy auténtico.
Después volvimos al riad, desayunamos y pusimos rumbo al aeropuerto.
Y así terminaba nuestro viaje por Marruecos. Nos vamos encantadas, con muchas risas, un montón de recuerdos y, sobre todo, con ganas de volver.







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